La Chancla
No matter how fast we ran
we never escaped
the chancla
in the yarda,
en la casa,
por la manaña,
por la noche,
we never escaped
the “vas a ver” swing
or the “para que se te quite”
sting.
Even en la madrugada
con lagañas en las pestañas
we never outran the sonido
of the cachetada
from the leather
against butt cheek.
We never escaped it
because as fast as we ran
the chancla would soar
especially
on Domingo
cuando no limpiamos
well enough
cuando peliamos con primos
y hermanas
cuando quebramos los platos
en la cosina.
“Tremendo!”
“Tremenda!”
“Como friegan!” blasted like a siren
on both lados of la frontera
from Los Angeles
to Latino America
la chancla always crossed
sin documentos
an apestoso tool
of chingadasos y pain
por andar de traviesos
con friends.
When least expected
la chancla stalked us
en la esquina
donde señoras vendian
tantos tamaños,
and our mamas would try them on
look at us and demand
“me quedan bonitos, verdad.”
We would nod in agreement
knowing soon they would silence
the risas from our bocas
por andar de “mendigos.”
They followed us en el mercadito
con una seleccion de tantos colores
and the perfect fit nunca faltaba
y nuestra abuela se los probaba
mirando al espejo, decia,
“hay, si, estos, que lindos,
me los llevo.”
And we shook when she smiled
with our hand over our heart
we pledged allegiance to our madres,
allegiance to the symbol of obedece o sufre,
la arma en la casa
que olia nuestros pecados
and put them on display
for the vecinos to hear our
“yo no fui!” cries
cuando siempre lo fuimos
y mama gritaba
“donde esta mi chancla?!”
Y la chancla siempre estaba.
Siempre despertaba.
Siempre salia debajo la cama
y encontraba nuestras nalgas
as we always surrendered
and confessed our crimes
to las mujeres who raised us
on the love of la chancla.
By Eric Eztli (frommyblood.tumblr.com)