Hay algo aquí, puedo sentirlo moviéndose en las sombras, acechando, vigilando cada uno de mis movimientos.
Sea lo que sea, me ha seguido desde el día del resplandor, pensé que había tenido suerte de ser de los pocos sobrevivientes, pero ahora me arrepiento de mis palabras.
Logró distinguir sus ojos, son rojos como las brazas de la fogata que me da calor, estoy arto de sobrevivir durante el día y ocultarme por la noche. Basta, esto termina ahora.
“Si he de morir en tu garras maldita criatura, que así sea, pero te lo advierto, no seré presa fácil.”
Le grito y tomo mi único arma, mi viejo cuchillo militar. Fue un regalo de mi padre y me ha permitido vivir hasta el día de hoy, pero dudo mucho que logre salvarme de mi cazador.
La criatura aparece frente a mi, su cuerpo mutado es horrendo, sus enormes brazos culminan en garras afiladas, su hocico esta lleno de enormes colmillos que desean probar mi sangre.
Al mirarlo, la adrenalina llena mi cuerpo, siento mis músculos tensarse y preparase para darlo todo en esta pelea que será la última.
La cosa ruge y se abalanza sobre mi. Yo grito con todas mis fuerzas y corro hacia ella, me impulso y salto en el aire empuñando mi cuchillo con ambas manos.
Cazador y presa, un ciclo natural de la vida, el débil sucumbe ante el fuerte.
Alguna ves dominamos este mundo, ahora… ha llegado la hora de nuestra extinción.